Los poemillas que siguen fueron escritos en mi juventud, entre los años 1982 y 1984,
tras muchas y gratas lecturas de poetas españoles y hispanoamericanos, en los ratos libres
que me dejaban mis estudios en la Universidad de Estocolmo.
He incluido algunos de los que he encontrado,
pero faltan muchos de los que escribí.
El poeta lame y lame su pasado
cual noria,
cual loco que oscila y oscila en espasmo tenaz
la cabeza, su faz;
y lucha por poner sus dedos
de nuevo en el recuerdo quedo,
cenizas de un fuego colmado,
instante
que el viento de levante
por siempre habrá borrado.
recia torre de enredos
que en grave liturgia pagana
de anhelo y silencio sus dedos
lentamente engalana.
Se prolonga así, -¡oh incipiente
e integra caricia vital!-
propaga sus yemas, vehemente,
es ámbito total...
La tarde,
la agotada tarde
de alargados trazos y luz
endurecida.
Labios de ir por casa.
Cintura de todos los días.
La cara blanca
blancos los senos
bajo el jersey. Rellenos.
Las ancas blancas también.
Vaivén.
Suspiran los blancos tejados
enamorados.
Frágil es, bailarina,
su tan fina aureola
que en vaivén, mar y ola,
todo el cuarto domina.
Sí, mi vela, a su paso
almas funde de cera,
voz azul, heredera
de un temblor, de un ocaso...
Y dime: ¿por qué ronda
el fracaso en sus ojos,
en su labio, en su arrojo?
Por qué en ella, onda a onda?
No.
No remuevas las ascuas.
Sólo escucha. Admira.
Aletea impulsiva.
Corazón. Llama viva.
Ventana. Allí fluye Estocolmo, odioso
vigor que florece, espejo de espejos,
paisaje que danza, aleteo ansioso,
tan lejos, tan inmensamente lejos.
Sereno. Es ardua la derrota. Viejo
violín que mudo chirría en lo oscuro
de su alma abierta. "Amor, amar...", murmuro.
Silencio. Nada. No atiende el consejo.
No hay nada, nadie. no existe el futuro...
Remolino ajetreado,
¡haz vibrar la habitación
con un vals semipausado!
¡Confusión en mi aposento!
De cristal son los tejados
abatidos por el viento.
Regocijo cuando truena
tan grotesco el instrumento;
¡Estocolmo vuelto Viena!
En mi dormita.
¡Es ella!
La mar
que mece estrellas.
¿Llorar?
En ti
un sosegado ritmo que apacigua mis venas
que entumece el tiempo.
Estocolmo
bate sus amplias alas revestidas de hojarasca
y te observa,
te ve erguida,
desnuda
sobre la roca, desnuda
al sol que en ti se abalanza,
sol que baña su ansioso vigor
en tu piel mansa,
intensa,
lejana...
---
- II -
En ti, sólo en ti,
hundirme en ti,
bailarina,
en ti.
Rodar, sembrar,
llorar cuando el tren lentamente,
dócilmente se desvía,
correr tras de ti
cuando el viento arrastra los pétalos de una rosa
o la rama seca
de un sauce gris,
crujiente...
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- III -
Los muslos
yertos
sobre la lápida gris del pasado.
La frente
husmea apacible
el azul entorno de carrizo
y espadaña.
Altiva,
siempre altiva, vibrante,
reina.
Un débil susurro -oleaje-
arrulla su talle
en flor.
Apunte
(Escrito en el autobús, pasando por las salinas de Santa Pola)
Como un ejército
doble de nácares
duermen las mágicas
gaviotas.
Atrás, dejando
voy almas blancas
de vidrio que alzan
sus rojos picos
abiertos.
Yo, Santa Pola,
sigo viajando.
Logramos,
dulce aurora,
la cima,
ansia infinita
que roza insaciable
poro a poro
mi piel.
(Hundidos, como mitos,
en sosegados deseos,
soñábamos
compactos
la arrullada realidad,
el suave pasar de los días
olvidando tu luz,
fulgor que muere aunque eterno
en un irremediable
y lento
desvanecer...)
Tu nombre. Palabra en olvido
que olvido evocando tu esencia:
frescura, agua tímida, aliento
colmado de dulce sorpresa.
¡No quiero tú nombre! Sediento
de hermosa unidad. Quiero esencia,
calor substancial, médula, ansia
cogollo... ¡No quiero palabras!
¡Sí, mi ciudad encantada
que flotas en el regazo
de un mar de cáscara blanca!
Mientras el metro me conducía
al oscuro túnel del pensamiento,
ella
quedó presente y eterna
por unos instantes
en una fugaz
sonrisa...
Del crepúsculo el regazo
que me mece en sus rosados
velos. Ansias en tu abrazo.
¡Vuelto el páramo hoy en prado!
¡Oh, sed insaciable,
ansiado llover!
Tu antorcha escondida
comienza a arder.
Estrecho mi mano,
recogo esa flor,
puñal de mi anhelo,
tus ojos sin voz.
¡Oh, savia borrosa
que cae por tu sien!
Murmullo de olas
que rompen sin ser.