Luis Soto poesia

INSTANTES

Los poemillas que siguen fueron escritos en mi juventud, entre los años 1982 y 1984, tras muchas y gratas lecturas de poetas españoles y hispanoamericanos, en los ratos libres que me dejaban mis estudios en la Universidad de Estocolmo.
He incluido algunos de los que he encontrado, pero faltan muchos de los que escribí.

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INSTANTE

Ese instante, motivo de locura,
perdura,
parece eterno,
tan pleno -¡oh hermosura!-,
tan tierno,
grabado en la memoria
y luego constantemente evocado.

El poeta lame y lame su pasado
cual noria,
cual loco que oscila y oscila en espasmo tenaz
la cabeza, su faz;
y lucha por poner sus dedos
de nuevo en el recuerdo quedo,
cenizas de un fuego colmado,
instante
que el viento de levante
por siempre habrá borrado.


NEVADA CON ROBLE

Tenaz maraña de corales.
El blanco ramaje dormita.
Quedo murmullo en los sacrales
fueros. Pasmada ermita,

recia torre de enredos
que en grave liturgia pagana
de anhelo y silencio sus dedos
lentamente engalana.

Se prolonga así, -¡oh incipiente
e integra caricia vital!-
propaga sus yemas, vehemente,
es ámbito total...


La tarde

Como un silbo
que lento se extingue
y nadie
distingue,
entraste.

La tarde,
la agotada tarde
de alargados trazos y luz
endurecida.

Labios de ir por casa.
Cintura de todos los días.


Camina sola...

Camina sola
sobre la blanca acera,
¡oh, sutil y certera
corola!

La cara blanca
blancos los senos
bajo el jersey. Rellenos.
Las ancas blancas también.
Vaivén.

Suspiran los blancos tejados
enamorados.


Crepúsculo

Se desliza en el vacío.
La luna de perfil.
Silencio. ¡Desvaída
luz de hálito que así,
perennemente azul,
sucumbe en el marfil!
Aurora fulminante,
batido carmesí...


Escuchando a Billie Holliday
una noche sin luz eléctrica

Su fulgor es ensueño
néctar áureo que danza
si un aliento la alcanza
ténue azul sin empeño.

Frágil es, bailarina,
su tan fina aureola
que en vaivén, mar y ola,
todo el cuarto domina.

Sí, mi vela, a su paso
almas funde de cera,
voz azul, heredera
de un temblor, de un ocaso...

Y dime: ¿por qué ronda
el fracaso en sus ojos,
en su labio, en su arrojo?
Por qué en ella, onda a onda?

No.
No remuevas las ascuas.
Sólo escucha. Admira.
Aletea impulsiva.
Corazón. Llama viva.


No seas tan dócil

No seas tan dócil
al ritmo del petate,
peluda,
que danzas,
menuda,
-endelelatelatelate-
un vals de escaparate.
No alcanzas,
criatura,
su paso de cigüeña.
Pequeña,
tu hermoso talle
de chocolate,
ay, sin soltura.


Cuarto en negrura

Cuarto en negrura; mirada que estanca
un último anhelo... luego extinguido.
Cierra los párpados, yertos, rendidos.
Vegeta callado. La puerta se atranca.

Ventana. Allí fluye Estocolmo, odioso
vigor que florece, espejo de espejos,
paisaje que danza, aleteo ansioso,
tan lejos, tan inmensamente lejos.

Sereno. Es ardua la derrota. Viejo
violín que mudo chirría en lo oscuro
de su alma abierta. "Amor, amar...", murmuro.
Silencio. Nada. No atiende el consejo.

No hay nada, nadie. no existe el futuro...


Torbellinos de algodón

Torbellinos de algodón,
espirales que encadenan
a mi espíritu un trombón.

Remolino ajetreado,
¡haz vibrar la habitación
con un vals semipausado!

¡Confusión en mi aposento!
De cristal son los tejados
abatidos por el viento.

Regocijo cuando truena
tan grotesco el instrumento;
¡Estocolmo vuelto Viena!


Despedida

Sentada
en el iluminado despacho
ante un enorme escritorio
en desorden,
dejabas correr la negra cinta
del pensamiento.
Inquietaba tu ser
un gran abejorro de patas peludas
que golpeaba el umbrío cristal
de la ventana cerrada.
Crecía la sonrosada irritación
en tu rostro,
Las blancas paredes
vacías,
tu portafolios,
la pluma mordida
agarrada con fuerza en tus pequeñas manos de cera,
tu sombra projectada
en la frágil sonrisa de mis labios,
todo crecía en torno a ti,
sirenita expuesta a la agria sucesividad
de lo inexplicable.
Incluso llegaron a derretirse
los negros párpados de tus ojos.
(Tan inútil
su exagerada inquietud.
También ella
pudo percatarse
y dejarme marchar, sin más,
por el pasillo
de la oficina...)


La mar

¡Es tan sencillo!
Desdoblada
sin respirar.
¡La mar!

En mi dormita.
¡Es ella!
La mar
que mece estrellas.
¿Llorar?


Luna moteada…

Luna moteada, pasión fantasmal de las noches que borra el recuerdo.
¡Lleva en tus brazos de espuma plateada
a tantos que lloran sin llorar
bajo tu luz invernal y apesumbrada!
¡Consuela, luna de Oriente, luz solitaria,
a tantos que gritan sin gritar en el calor de su lecho!


Historia

Universo era un juego
de adoquines
blancos
reflejando sol y catedrales.
Caminaba
respirando el polvo de Florencia
cargado de imágenes muertas.
(Tanto río,
tanta historia indolente;
de tanto miedo a esfumarte por siempre
eras hoja seca,
prematura...)
El viento acariciaba
dócilmente
la impresión de la suela
de su zapato.


En ti…

- I -

En ti
un sosegado ritmo que apacigua mis venas
que entumece el tiempo.
Estocolmo
bate sus amplias alas revestidas de hojarasca
y te observa,
te ve erguida,
desnuda
sobre la roca, desnuda
al sol que en ti se abalanza,
sol que baña su ansioso vigor
en tu piel mansa,
intensa,
lejana...

---

- II -

En ti, sólo en ti,
hundirme en ti,
bailarina,
en ti.
Rodar, sembrar,
llorar cuando el tren lentamente,
dócilmente se desvía,
correr tras de ti
cuando el viento arrastra los pétalos de una rosa
o la rama seca
de un sauce gris,
crujiente...

---

- III -

Los muslos
yertos
sobre la lápida gris del pasado.
La frente
husmea apacible
el azul entorno de carrizo
y espadaña.
Altiva,
siempre altiva, vibrante,
reina.
Un débil susurro -oleaje-
arrulla su talle
en flor.


Apunte
(Escrito en el autobús, pasando por las salinas de Santa Pola)
Como un ejército
doble de nácares
duermen las mágicas
gaviotas.

Atrás, dejando
voy almas blancas
de vidrio que alzan
sus rojos picos
abiertos.

Yo, Santa Pola,
sigo viajando.


Luna

Creces, lento querer,
arco tenso
que estiramos
en noches de largas despedidas,
pupila blanca
que en pausados instantes
se dilata, denso
manantial de recuerdos
compartidos...

Logramos,
dulce aurora,
la cima,
ansia infinita
que roza insaciable
poro a poro
mi piel.

(Hundidos, como mitos,
en sosegados deseos,
soñábamos
compactos
la arrullada realidad,
el suave pasar de los días
olvidando tu luz,
fulgor que muere aunque eterno
en un irremediable
y lento
desvanecer...)


Tú nombre

Tu nombre danzaba en mis labios,
rodaba, voluble burbuja.
¡Oh nombre, tú nombre en mis labios!
Un tallo de rosas cosido
en mi alma, perfecta sutura.
¡Oh nombre, tu nombre cosido!

Tu nombre. Palabra en olvido
que olvido evocando tu esencia:
frescura, agua tímida, aliento
colmado de dulce sorpresa.
¡No quiero tú nombre! Sediento
de hermosa unidad. Quiero esencia,
calor substancial, médula, ansia
cogollo... ¡No quiero palabras!


Canción

En el albor de la tarde
caen mil estrellas del cielo
y mi Estocolmo ataviada
con azahar en el pelo.

¡Sí, mi ciudad encantada
que flotas en el regazo
de un mar de cáscara blanca!


Despedida

Mientras el metro se alejaba
vi que ella,
aún bajo los efectos del autocontrol
me despedía.
Brotaba cierta emoción
en su rostro
minuciosamente ocultado
tras las lentes
de culo
de botella.
Sola
en el andén de la estación,
parecía un mirlo
suspendido en un pozo
de paredes ululantes.

Mientras el metro me conducía
al oscuro túnel del pensamiento,
ella
quedó presente y eterna
por unos instantes
en una fugaz
sonrisa...


Canción

Superficie de cartón.
Estocolmo, así tus aguas,
revestidas de algodón.
¡Tarde hambrienta en tus enaguas!

Del crepúsculo el regazo
que me mece en sus rosados
velos. Ansias en tu abrazo.
¡Vuelto el páramo hoy en prado!


Hermosa altivez

¡Hermosa altivez,
suspiro en mi piel!
Tu que en mi caminas,
amor en tus pies.

¡Oh, sed insaciable,
ansiado llover!
Tu antorcha escondida
comienza a arder.

Estrecho mi mano,
recogo esa flor,
puñal de mi anhelo,
tus ojos sin voz.

¡Oh, savia borrosa
que cae por tu sien!
Murmullo de olas
que rompen sin ser.



lusobe@olemail.com

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© Copyright 1998 Luis Soto