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Discurso del Dia del Detenido Desaparecido -30 Agosto 1998

Agrupacion de Familiares de Detenidos Desaparecidos

Al conmemorarse el Día Internacional del Detenido Desaparecido rendimos homenaje a los 1.198 desaparecidos

de nuestro país y a los 90 mil hermanos desaparecidos en América Latina, producto de las políticas represivas implementadas por las dictaduras militares que se impusieron por el poder de la fuerza en nuestro Continente.

Recordar a cada uno de ellos, implica también recordar lo que fuimos como país y lo que representó para la mayoría del pueblo el Gobierno del Presidente Salvador Allende.

Implica recordar las primeras horas de estupor frente a un golpe de Estado que se imponía y destruía con brutalidad, lo que habíamos construido a favor de la democracia, de la libertad y de la justicia social. El imperialismo, la oligarquía y la derecha no pudieron concebir una sociedad basada en la igualdad y el respeto por el hombre, porque ese modelo no les permitía saciar en plenitud sus ambiciones políticas, económicas, sociales y culturales.

Por ello, recurrieron a lo único que tienen, el poder de los ejércitos, históricamente a su servicio.

Al conmemorarse, una vez más, esta significativa fecha manifestamos que el ideario de Salvador Allende se encuentra vigente en nuestro pueblo; que a 25 años de su muerte defendiendo el Gobierno Popular aún válida la utopía de la igualdad y la justicia social para los pobres y marginados de este país, porque el modelo neoliberal, heredado de la dictadura, en ningún caso puede ni podrá vencer las enormes diferencias sociales que le son consustanciales.

Hoy recordamos a quienes fueron parte de la construcción de esa utopía y que por ello fueron víctimas de la violencia de clases, expresada en su forma más inhumana. A través de la práctica represiva, en sus más diversas manifestaciones, la dictadura pretendió hacer desaparecer los ideales y los sueños de construcción de una nueva sociedad. El avasallamiento de los poderosos a través de las dictaduras militares tiene su más clara y dolorosa expresión en los detenidos desaparecidos y en todos los crímenes de lesa humanidad.

La historia ha demostrado que la violencia la generan ellos y que los procesos de desarrollo de la humanidad siempre han significado la perdida de valiosas e irrecuperables vidas humanas. Por ello luchar contra todo tipo de impunidad está directamente relacionado con la construcción de verdadera justicia y verdadera democracia.

Lo que hoy hace Andrés Zaldivar al acordar con Pinochet la sustitución del 11 de septiembre por un supuesto día de Unidad Nacional, contraviene los principios esenciales de esa verdadera democracia a la que aspiramos todos y por la cual nuestros familiares fueron asesinados.

Ocho años han transcurrido desde que a Chile volvió la democracia y aún es imperfecta y pobre. Los enclaves autoritarios y la falta de voluntad política para cambiarlos nos traban e impiden profundizar este proceso. Uno de los factores preponderantes es la presencia del dictador en el Senado, que no sólo es una vergüenza sino que repugna e indigna.

Pinochet sentado en la testera del Senado es el gesto más claro del poder que aún tiene y del oportunismo político, que en aras de intereses electoralistas cede espacios al dictador y sus seguidores.

Nos preguntamos ¿Cómo es posible que el máximo responsable de los crímenes cometidos en nuestro país ocupe el puesto que le corresponde a los demócratas en un Senado que el mismo clausuró durante 17 años? ¿Cómo es posible que esta democracia se permita convivir con el asesino de miles de chilenos? ¿Cómo es posible que tanta aberración sea soportada por millones de chilenos que lucharon en contra de la dictadura?.

Este es el mejor ejemplo de lo frágil y cautiva que aún se encuentra esta democracia, al no ser capaz de impregnar a la sociedad de los valores y principios que le son inherentes; al no poder despojarse de lo tristemente heredado,

nos referimos al modelo económico que nos oprime y margina; a la cultura represiva y del miedo que nos impide expresarnos y defendernos legítimamente; a la autocensura de la que somos víctimas; a los antivalores que facilitan aberraciones como la de Pinochet en el Parlamento.

En medio de esta realidad se circunscriben violaciones a los derechos humanos aún no resueltas, sin responsables intelectuales ni ejecutores.

El avance en algunos casos como la Operación Albania y otros, son una pequeña muestra de lo que con decisión y consecuencia de parte de los Poderes del Estado, se podría lograr. Al contrario, en el caso de los detenidos desaparecidos no avanzamos, porque se pretende resolver a través de negociaciones utilizándolo en los momentos de mayor conveniencia política y no de acuerdo a los principios de justicia e igualdad que debieran imperar.

Reafirmamos que nuestros seres queridos no son mercancía transable ni manipulable de manera egoísta y mezquina, por parte de aquellos falsos defensores de los derechos humanos, que han utilizado nuestro drama para obtener dividendos y poder. El problema de los detenidos desaparecidos no es de mercado. La información sobre su destino existe y las Fuerzas Armadas tienen la obligación de entregarla sin condiciones.

La justicia es nuestro derecho ciudadano y siempre apelaremos a ella. Los detenidos desaparecidos son la herida abierta de Chile y nadie puede pretender cerrarla por medio de decretos, leyes de punto final o cualquier otra formula que signifique renunciar a la verdad y justicia plena.

No estamos disponibles para pactos en los que no estén presentes nuestras exigencias históricas. Hace 25 años lo dijimos, hoy lo reiteramos, queremos encontrarlos a todos y que se juzgue y castigue a los culpables con penas acordes a los crímenes cometidos.

Hace 25 años que comenzamos una lucha inclaudicable, que nadie piense que ésta será abandonada a cambio de migajas de verdad. Ella está sustentada en los valores más progresistas de la humanidad y tiene una fuerza moral indestructible, lo que nos otorga fortaleza y dignidad.

No todos en este país pueden decir lo mismo. Muchos de los que estuvieron con nosotros hoy abandonan de mil maneras nuestra causa. No importa, iniciamos nuestro camino solas, luego fuimos capaces de movilizar

a cientos y si es necesario volveremos a empezar de la misma manera.

Este 11 de septiembre, al cumplirse 25 años de impunidad prolongada, llamamos a todos aquellos que creyeron en el Presidente Mártir y el Gobierno Popular; a todos aquellos que lucharon por devolver la libertad a nuestro país, a no decaer ni dejarse vencer ante los intentos de perpetuar una sociedad que no permite el libre desarrollo ni la felicidad del ser humano. Es necesario volver a creer y volver a tener esperanzas,

como dijo Salvador Allende "Tengo la certeza que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tiene la fuerza, podrán avasallarnos,

pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos".

¡HASTA ENCONTRARLOS!

Santiago, 30 de agosto de 1998.

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